martes, 18 de febrero de 2025

El mercado laboral en Andalucía: 1976-2008

 

En toro lugar hemos examinado, con los datos que proporciona la EPA, la evolución de las variables del mercado de trabajo andaluz a lo largo del período 1976 a 20081. A continuación exponemos las conclusiones.


A lo largo del período 1976-2008, en la comunidad de Andalucía, la población mayor de 16 años aumenta en casi 2,6 millones de personas, de las que se incorporan al mercado laboral 1,9 millones resultando, por tanto, un aumento de los inactivos de unos 700 mil. Estos últimos integrados por personas retiradas del mercado de trabajo por edad o por enfermedad, así como por la juventud mayor de 16 años que continuaba su formación. De la población activa, aquella que desea trabajar y busca empleo, en este período encuentran ocupación más de 1,4 millones, quedando en desempleo unas 490 mil.


Las cifras anteriores reflejan la magnitud del cambio operado en la región. Cambio que tiene su origen en las transformaciones del equipo de capital (medios de producción) empleado en las unidades económicas de la producción y de la circulación de los bienes y servicios. Esta revolución técnica de la base material de la sociedad exigirá determinados atributos a la fuerza de trabajo demandada por el capital en su nueva fase de acumulación, lo cual se expresará en la evolución del mercado laboral. Pero, este mercado implica la relación entre personas, que por su distinta relación con la propiedad de los medios de producción (el capitalista tiene y el obrero no), cambian dos mercancías particulares (fuerza de trabajo y dinero). Ambas clases sostendrán intereses contrapuestos, tanto en la compraventa de la fuerza de trabajo como posteriormente en el uso de la misma más allá de las necesidades reproductivas del obrero (explotación). Por ello, su evolución se lleva a cabo a través de la lucha de clases. Una lucha en la que la organización de la clase obrera tiene mucho que decir. Es lo que nos detallará Encarna en lo que sigue, por nuestra parte señalaremos algunos de los cambios, que caracterizan la evolución del mercado laboral andaluz en este período.


- Crecimiento de la demanda de fuerza de trabajo.

- Expansión de la oferta de fuerza de trabajo.

- Aumento de la Tasa de actividad.

- Feminización de la fuerza de trabajo.

- Extensión de la salarización.

- Desempleo crónico.

- Temporalidad de la contratación.

- Cambio en la composición sectorial.

- Elevación de la cualificación de la fuerza de trabajo.

- Ascenso del obrero científico (intelectual).


1. Crecimiento de la demanda de fuerza de trabajo (población ocupada). Para hacernos una idea del volumen de la acumulación andaluza de capital2 durante este período bástenos ver el crecimiento de la demanda de fuerza de trabajo inducida por ésta. En el período 1976-2008 la población ocupada pasa de 1,8 millones a 3,2 millones de personas, un incremento absoluto de más de 1,4 millones que supone un crecimiento relativo acumulado de más del 80 por ciento (1,8% de media anual).

La forma en que evoluciona está muy relacionada con las fases de los ciclos del capital en Andalucía durante este período: crece la ocupación cuando hay acumulación de capital (fases de expansión, 1985-1991 y 1994-2007), y decrece cuando desaparece la acumulación o se desacumula (fases de crisis 1976-1984, 1991-1993 y 2008). Aunque en las dos fases de expansión la ocupación crece a parecido nivel (3,8% y 4,5%, respectivamente), la amplitud temporal del segundo período hace que casi se cuadruplique el incremento de la ocupación respecto del primero (1,49 millones frente a 380 mil). Por contra, en las fases de crisis, la destrucción neta de empleo, en términos absolutos, será distinta (233 mil, 152 mil y 78 mil, respectivamente), como distinto el ritmo de dicha reducción de la ocupación (-1,6%, -4,1% y -2,4%, respectivamente).

Respecto a España, la población ocupada andaluza se caracteriza por una tendencia creciente desde el 13,8 por cien en 1976 al 15,7 por cien de 2007. Esto puede reflejar un papel creciente de la acumulación andaluza de capital en la nacional. Queda por saber si tiene que ver con el ritmo de la acumulación de capital o con la diferencia de composición técnica3 del capital entre ambas acumulaciones4.


2. Expansión de la oferta de fuerza de trabajo (población activa). La acumulación andaluza de capital no solo demanda más fuerza de trabajo sino que también necesita que aumente la oferta de fuerza de trabajo, la población activa5. Efectivamente, entre 1976 y 2008, la oferta de fuerza de trabajo crece en 1,9 millones de efectivos, llegando casi a duplicarse (98%) y suponiendo un crecimiento relativo medio anual equivalente del 2,1 por ciento. Nótese la diferencia respecto del 1,8% de la demanda efectiva de fuerza de trabajo, luego nos detendremos en ello.

Mirando el movimiento concreto, tenemos que entre 1976-1979 la población activa en Sevilla se reduce por efecto de la emigración, pero a partir de 1979 y hasta 2008 la oferta de fuerza de trabajo aumenta paulatinamente, y desde finales de los noventa empujada por la inmigración.

En cuanto a su importancia en relación a la población activa nacional, ha ido aumentando desde el 3,3 por ciento en 1976 hasta el 4,1 por ciento (1999-2004) para descender hasta el 3,9 por ciento en 2008. Sugiere, esta variación del peso en el contexto nacional, un cambio en el papel de generación de fuerza de trabajo que le viene atribuyendo la división nacional del trabajo.


3. Aumento de la tasa de actividad. Este aumento de la población activa tiene dos componentes: uno extensivo (aumento de la población en edad de trabajar), y otro intensivo (aumento de la tasa de actividad). Aunque desde el punto de vista cuantitativo posiblemente sea mayor el extensivo6, queremos detenernos en el intensivo porque es el que revela uno de los aspectos de la nueva acumulación de capital. En cuanto al primero, Andalucía ve incrementada la población de más de 16 años en 2,58 millones de personas, creciendo a un ritmo anual medio del 1,5 por ciento. Fijemos esta diferencia respecto del crecimiento de la población activa (2,1%), esto adelanta el aumento de la tasa de actividad (relación porcentual entre población activa y población mayor de 16 años), que es el segundo componente. Ésta pasa de 47% en 1976 a 58% en 2008. Estos movimientos tienen que ver con una recomposición de la población mayor de 16 años. O sea, dentro de la población en edad de trabajar se producirá un trasvase de personas desde los inactivos hacia los activos. Colectivos que antes se consideraban inactivos pasarán a ser activos (caso de las mujeres, antes preparadas para ser amas de casa exclusivamente, empezarán a incorporarse al mercado laboral, lo veremos después con más detenimiento). Pero, también se da el movimiento contrario, colectivos que antes eran activos pasarán a ser inactivos, es el caso de los jóvenes estudiantes, también lo veremos. Habría más, caso de las jubilaciones o personas excluidas del mercado laboral por su discapacidad, a veces como consecuencia de accidentes y enfermedades laborales. Y, por supuesto, el efecto de los fenómenos migratorios mencionados arriba. A pesar de estos movimientos contradictorios, al final, el desarrollo capitalista andaluz reclama, durante este período, que cada vez más personas en edad de trabajar se integraran en el mercado laboral para ofrecer su fuerza de trabajo. Esto se reflejará en el aumento de la tasa de actividad, que poco a poco irá acercándose a la media nacional.


4. Feminización de la demanda de fuerza de trabajo. Lo que se viene denominando incorporación de la mujer al mercado laboral es uno de los grandes cambios del nuevo modelo de acumulación de capital, también como veremos, del andaluz.

Deteniéndonos en la diferenciación por sexos observamos que frente al crecimiento paulatino en los hombres (poco más del 50 por ciento en todo el período), la incorporación femenina al mercado laboral es continua desde inicio del período, pero se hace exponencial desde mediados de los ochenta. En total se incorporan más de 1,6 millones de mujeres (frente a 740 mil hombres) a un ritmo medio del 4 por ciento anual donde destaca la fase de expansión 1985-1991 con más de 287 mil mujeres (7,4% anual).

Esto significa que no solo la fuerza de trabajo femenina que va adquiriendo la edad de trabajar se incorpora al mercado laboral como población activa, sino que parte de las mujeres que antes se dedicaban a las tareas de su hogar ahora afluyen al mercado laboral, reduciendo así la inactividad a la vez que aumentan la actividad (así opera el cambio en la tasa de actividad que hablábamos en el epígrafe anterior). En este segundo caso, y en menor medida en el primero, las mujeres experimentarán lo que se viene a denominar la doble jornada (el trabajo fuera del hogar y el trabajo dentro del hogar), cuestión que se planteará en el ámbito sindical y político, y cuya respuesta serán las normas que regularán la conciliación de la vida laboral y familiar.

Con ser importante la incorporación de la mujer a la oferta de fuerza de trabajo, más llamativa aún es su incorporación a la demanda de fuerza de trabajo, porque lo decisivo en este vector de transformación es la necesidad que tiene el capital (y sus administraciones públicas) de la fuerza de trabajo femenina. Al finalizar el período la población ocupada femenina era de 1,26 millones, unas 860 mil más que en 1976, lo que supuso su más que triplicación, un crecimiento anual medio del 3,5 por ciento (frente al 1,0% masculino). Pero, no es solo este aspecto cuantitativo, hay otro aún más esclarecedor: sin esta feminización del empleo, en este período, la acumulación andaluza de capital no hubiera sido posible, pues la fuerza de trabajo masculina hubiera sido insuficiente. Más allá de la necesidad cuantitativa, la preferencia del capital por la fuerza de trabajo femenina tiene relación con los atributos que esta fuerza de trabajo tiene en relación a los nuevos medios de producción, nuevas tareas, nuevas actividades, nuevos empleos, que se desprenden de la fase de acumulación de capital7.

Pero, si hemos visto la cara del proceso, su cruz es que la feminización de la fuerza de trabajo implicará también la feminización del desempleo.

Como se ve, en el mercado laboral de Andalucía, la oferta de fuerza de trabajo femenina es creciente desde inicio de los ochenta mientras su demanda, tanto por las empresas como por las administraciones, inicia su ascenso a mediados de los ochenta. Son los dos aspectos de la incorporación de la mujer al mercado laboral andaluz. El nuevo modelo de acumulación de capital exige en Andalucía, durante este período, la incorporación masiva de la mujer al mercado de trabajo. Ella es requerida en los proceso de trabajo de las empresas y de las administraciones, por eso la sociedad las prepara con un sistema educativo donde ha entrado unos años antes o las reclama sin una gran preparación previa para puestos que no exijan elevada cualificación. Ahora, una vez terminada la formación o directamente desde el hogar, la mujer andaluza, se dirige al mercado laboral a ofrecer su fuerza de trabajo. Y ya nada será igual, se alterarán las relaciones de sexos, las familiares, las laborales y, también, las políticas. El ascenso femenino tendrá su expresión política en el feminismo, ideología transversal que conocerá su apogeo años más tarde, pero la silenciosa revolución feminista habrá hecho acto de presencia. El debate sindical también contendrá estos elementos. Entre medias toda una serie de conquistas feministas (leyes de igualdad, de conciliación, de dependencia, entre otras), y una serie de debates pendientes (brecha salarial, de representación femenina en los puestos directivos, por no hablar de los consejos de dirección de las empresas, también entre otros)8.


5. La forma asalariada como el modo general de empleo de la fuerza de trabajo. En el conjunto de la población ocupada nos encontramos con dos tipos de personas según dispongan o no de medios de producción propios. Las personas que no tienen medios de producción están obligadas a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario (población ocupada asalariada). En cambio, las que disponen de medios de producción propios aplican su fuerza de trabajo para usar dichos medios de producción y producir una mercancía que podrán vender a cambio de un ingreso que les garantice su consumo (población ocupada independiente).

Extensión de la forma capitalista de empleo y extensión de la explotación capitalista de la población. Las funciones del capitalista, a medida que crece el tamaño y la complejidad de las unidades económicas, cada vez más son asumidas por trabajadores a sueldo de la propiedad, capitalista individual o colectivo: de igual forma que las funciones de vigilancia y control van pasando a encargados, supervisores o contramaestres; las funciones de apoyo técnico


La sociedad andaluza se caracteriza por una relación entre asalariados y ocupados mayor que la española, debido al predominio de la producción capitalista agrícola frente a la mercantil en el resto de España. A lo largo del período examinado, la evolución es hacia un mayor nivel de salarización de la fuerza de trabajo. La tasa de salarización, porcentaje de asalariados sobre los ocupados, va creciendo como muestra la tabla de abajo.


Estructura de la población ocupada. Andalucía


No Asalariados

Asalariados

1975

36,20

63,80

1980

34,86

65,14

1985

30,28

69,72

1990

27,64

72,36

1995

24,25

75,75

2000

23,21

76,79

Fuente: Alcaide (2005). BBV



Andalucía




Asalariados

% Asalariado

1981

1.147,24

78,35

1991

1.494,94

80,48

2001

2.072,95

82,91

2011

2.210,95

82,65

Fuente: Censos. INE





6. Andalucía, generadora de fuerza de trabajo excedentaria, pero no innecesaria. La función del desempleo andaluz. El plusdesempleo andaluz de la fuerza de trabajo.

La sociedad andaluza, inducida por la acumulación de capital, genera año tras año, durante este período, más población dispuesta a vender su fuerza de trabajo (activa) de la que demanda (ocupada), es decir produce lo que se ha venido denominando desempleo crónico. A grandes rasgos, la poblacion activa crece 2,1 por ciento anual, mientras la ocupada lo hace al 1,5 por ciento, la diferencia es una fuerza sobrante -que no innecesaria, pues cumple funciones muy valiosas para el capital- a la que la acumulación andaluza de capital no da empleo. Entre 1976 y 2008, el desempleo andaluz casi se multiplica por tres, respondiendo su movimiento concreto a grandes rasgos al ciclo del capital: crece en las crisis y se reduce en las expansiones. En este sentido, también la tasa de paro, tiene una evolución muy esclarecedora, oscilando entre el 12 por ciento (fases expansivas) y el 35 por ciento (fases contractivas).

En cuanto a lo específico del desempleo crónico andaluz, más allá del enigmático lamento que lo rodea, incluso en sus estudiosos, requiere alguna explicación. En nuestra opinión, esta característica, permanente en el tiempo, más acentuada en unas fases que en otras, y en la medida que sobrepasa el desempleo normal capitalista (en nuestro caso el español, modulado según alguna particularidad como la sectorial para Andalucía), apunta a uno de los lugares que ocupa Andalucía en la división nacional (e internacional) del trabajo, la de generar fuerza de trabajo y mantenerla en reserva para atender las necesidades de acumulación del capital situado fuera de Andalucía9. Es decir, el desempleo andaluz responde a dos requerimientos estructurales: el primero, es atender a su propia acumulación, la del capital situado en Andalucía y, el segundo, es atender a las necesidades de expansión del capital extra-andaluz. Este segundo es el que tiene que ver con el papel de generación y reservorio de fuerza de trabajo para la acumulación nacional de capital10 y al que he denominado plusdesempleo. La manera en que esto se concreta es la emigración. Durante este período (1976-2008) se produjeron 3,76 millones de movimientos de los que 1,22 millones se produjeron fuera de Andalucía incluyendo casi 120 mil al extranjero.

Hemos de reseñar que esta función que Andalucía ha tenido asignada durante décadas no siempre se ha ejecutado de manera armoniosa como las propias cifras de paro ponen de manifiesto. En determinados momentos, caso de las crisis internacionales aún más cuando se prolongaban en el tiempo, la emigración estaba frenada incluso en los propios destinos lo que provocaba que aumentara el excedente de fuerza de trabajo y no fuera absorbido en suficienten las etapas de expansión posteriores. Además, los sistemas reproductivos y la propia especificidad de la mercancía en juego, fuerza de trabajo (seres humanos), impiden que los mecanismos mercantiles y capitalistas “vacien” el mercado al modo que harían con el resto de mercancías. Una consecuencia de esta riqueza de Andalucía, es la pobreza de sus gentes: pues en las sociedades capitalistas la abundancia relativa de trabajadores se paga con salarios bajos, que suelen acompañar a condiciones más desfavorables de vida. En fin, sobre este papel de Andalucía en la reproducción de la fuerza de trabajo, la sociedad andaluza ha construido todo un entramado familiar, social, institucional, cultural y hasta religioso, que es materia para la sociología materialista.

Otro asunto es el reconocimiento social de esta función y la expresión política que adopta esta demanda, en este sentido y de alguna manera el andalucismo podría ser su expresión política. Otra cosa es el desarrollo concreto adoptado por este andalucismo.


7. Temporalidad de la contratación laboral. La reforma de la contratación, que introdujo la temporalidad, a mediados de los ochenta, proporcionó a los empleadores un instrumento muy económico para adaptar el nivel de fuerza de trabajo a las necesidades del negocio y la actividad. Además, permitió una disciplina laboral y otras ventajas que redundaban en la obtención de más trabajo a menor salario. Este abaratamiento de la fuerza de trabajo responde a la desvalorización de la fuerza de trabajo simple, que se produce con la nueva división internacional del trabajo origen de las deslocalizaciones. Por ello, afectará más a unos empleos que a otros. El carácter general de la necesidad que tiene el capital de ello lo pone de manifiesto el desarrollo legal y los instrumentos públicos implementados para su extensión (bonificaciones y subvenciones). Además, en el caso de Andalucía, tiene una función extra y es ayudar a mantener a la gran reserva de fuerza de trabajo que albergue en función de su papel en la división nacional del trabajo. Esta rotación laboral no solo permite repartir el empleo entre varias fuerzas de trabajo sino que además permite al trabajador acceder a prestaciones por desempleo y subsidios, otro motivo más para que determinados capitales reduzcan salarios, pero ya en la economía sumergida simultaneando el trabajador la recepcion de la prestacion con el empleo sin contrato repartiéndose la ayuda pública entre trabajador y capitalista.

Por ello en Andalucía, durante algunos años esta modalidad de contratación fue muy frecuente y se daba en una cantidad mayor a la media nacional. La temporalidad de los empleos no solo está basada en los aspectos anteriores, también la estacionalidad (agricultura) y temporalidad de la actividad económica (hostelería, construcción), y la sustitución en determinados períodos vacacionales u otros motivos (bolsas de empleo), servían de base para el desarrollo de este tipo de contratación temporal.

En Andalucía, entre 1988 y 2007, el ascenso año tras año de la contratación y de la contratacion temporal solo se interrumpirá en la crisis de primero de los noventa; el crecimiento acumulado de los contratos temporales, que no bajaron del 90 por ciento del total de la contratación, fue 398 por ciento (377% el total de los contratos), pasando de los 787 mil en 1988 a los 3,9 millones en 2007.

La temporalidad en la contratación se extendió por todos los sectores y empresas, pero fue un recurso de los empleadores especialmente en algunos sectores (agricultura y construcción); mas en mujeres que en hombres; en mayor medida en los más jóvenes y con menor antigüedad; más cuanto menor el nivel de estudios; mayor en el sector privado que en el público. Por provincias, destacaban Huelva y Almería como provincias con mayor recurso a la temporalidad (50% de los contratos) y las que menos Jaén y Sevilla, en torno al 42 por ciento. En relación a lo que acontece en España, la contratación temporal andaluza irá aumentando su peso hasta llegar al 24 o 25 por ciento, poniendo de manifiesto el peso elevado de este tipo de contratos en Andalucía.


8. Cualificación de la fuerza de trabajo. Desde mediados de los ochenta el capital sevillano, y nacional, inicia un proceso de transformación técnica de su base material. Este proceso continuará durante décadas en las que la informática, la robotización, la automatización, la digitalización, el I+D (inversión más desarrollo), las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), se extenderán a lo largo del tejido productivo y administrativo, abanderando la acumulación de capital. Una consecuencia inmediata, en lo que a la fuerza de trabajo se refiere, es la demanda de unos atributos específicos, por supuesto técnicos (formación en nuevas tecnologías), pero también sociales (educación en valores, integración, diversidad) y emocionales (comprensividad). Ello requerirá aumentar la edad de escolarización obligatoria (la LOGSE11 la situará en los 16 años, aunque su implementación no será drastica sino paulatina). Estas nuevas cualificaciones no serán impartidas exclusivamente por la enseñanza publica complementandose con la enseñanza privada (conciertos públicos).


Poblacion según estudios terminados. Andalucía


Porcentaje sobre poblacion activa

Porcentaje sobre población ocupada


1970

2011

Sin estudios

30,73

3,65

Primer grado

62,5

10,90

Segundo grado

4,62

57,41

Tercer grado

2,14

28,04

Fuente: censos de poblacion, 1970 y 2011. INE


Un indicador de este mayor nivel de cualificación general de la fuerza de trabajo de Andalucía nos la proporcionan los censos de población en el apartado de instrucción. Así observamos, tomando el de 1970 y el de 2011, como la población activa sin estudios representaba casi el 31 por ciento de la fuerza de trabajo, mientras el porcentaje de los que tenían el primer grado (enseñanza primaria) representaban casi el 63 por ciento, el resto (6-7%) eran las personas con bachillerato o enseñanza superior (niversitaria). En 2011, tomando la población ocupada, se cambian las tornas, el segundo grado (bachilleres) y tercer grado (universitarios) ya son la gran mayoría, sumando el 85 por ciento. Un esfuerzo instructivo colosal de la población andaluza que da respuesta a las necesidades de la acumulación de capital y de la sociedad que se erige sobre ella.


9. Cambio en la composición profesional de la fuerza de trabajo. El cambio de la base técnica del capital que opera en la nueva fase de acumulación requiere nuevos atributos a la fuerza de trabajo, como vimos anteriormente, pero sobre todo introduce una nueva forma del consumo productivo de la fuerza de trabajo, nuevas funciones, nuevos puestos, nuevas categorías profesionales. El avance del sistema de la maquinaria en la producción de plusvalor va determinando un cambio en la materialidad del trabajo12, al menos de una buena parte de la clase obrera. El trabajo intelectual, bajo la forma de conciencias que controlan científicamente las fuerzas naturales (científicos, ingenieros y técnicos) y que rigen la marcha de las unidades de producción y circulación (directivos, gerentes, tecnicos de apoyo). Y no solo de las unidades de capital, también del capital social y su representante, el estado, que requerirá del esfuerzo del trabajador intelectual colectivo que constituye una de las fracciones de la nueva clase obrera (gestores, titulados y tecnicos, de todas las ramas del conocimiento integrarán las múltiples unidades de observación, vigilancia, recopilación, elaboración, intervención, etc que integran las administraciones públicas). El trabajo manual no desaparece, pero deja de ser no solo mayoritario sino hegemónico. El apendice de la maquinaria en que ha ido quedando, no solo es cada vez más prescindible y sustituible, sino que ha encontrado un competidor imbatible, el obrero asiático, más barato, más dócil y que aprende rápido.

No es fácil mostrar esto en las estadísticas oficiales, pero el censo de población nos proporciona la información de las situaciones profesionales de la población trabajadora, hemos escogido el de 1970 y el de 2011 (el anterior era de 2001). En el primer caso se refiere a la población activa, mientras en el segundo está referido a la población ocupada. Pero ilustran bien lo que pretendemos expresar, el cambio en la composición profesional de la clase obrera andaluza.


Población según su situación profesional . Andalucia


% Poblacion activa

% Población ocupada


1970

2011

Ocupaciones militares

1,44

0,99

Directores, gerentes y funcionarios superiores

7,03

3,70

Técnicos y profesionales científicos e intelectuales, y de apoyo

4,80

26,34

Empleados y trabajadores de servicios

19,24

47,68

Trabajadores del sector primario

34,85

3,81

Trabajadores de la industria y la construccion

32,63

17,49

Fuente: censos de poblacion, 1970 y 2011. INE


Frente al dominio cuantitativo del obrero especializado en la agricultura, la industria y la construcción, que acumulaban casi el 67 por ciento de la fuerza de trabajo en los años setenta y que se reduce hasta el 22 por ciento en 2011, emergen dos figuras con entidad. Por un lado, desde el punto de vista cuantitativo, asistimos al despegue del obrero de los servicios (pasando del 19 al 48 por ciento); por otro lado, y con un peso cualitativo destacable, el trabajador intelectual, que pasa del 12 por ciento en 1970 al 30 por ciento en 2011. Esta tendencia no tiene vuelta atrás. El centro de gravedad de la clase obrera deja de estar en el obrero masa y empieza a bascular hacia el obrero que porta el conocimiento objetivo, el obrero intelectual.


10. Cambio en la composición sectorial de la fuerza de trabajo provincial. La estructura sectorial de la población ocupada en Andalucía, durante el período analizado, cambió como resultado de la acumulación de capital, destacando las siguientes tendencias: reduccion del peso de los ocupados de la agricultura en 20 puntos pasando del 27,5 por ciento al 7,5 por ciento; igualmente descenso en la industria en 8 puntos (del 18% al 10%); aumento en los servicios en 23 puntos (del 44,5% al 67,5%); y crecimiento del porcentaje de la construccion en 5 puntos al pasar del 10 por ciento de 1976 al 15 por ciento en 2007. En 2008 se inicia el derrumbe de la consrucción, posteriormente del resto de sectores, que caracterizó a la Gran recesión.

En los dos primeros sectores la reducción del porcentaje respecto del total va acompañada de una reducción en términos absolutos. En el caso del sector primario es continuo, resultado de un proceso de mecanización y tecnificación de la producción agraria, también del cambio de cultivos (tropicales, fresas) y técnicas (invernaderos), pasando de unos 484 mil a 232 mil (reducción del 52 por ciento). Mientras en la industria, además del componente de cambio tecnológico (automatización, robotización, informatizacion, digitalización, etc) hay una reducción de la producción o cierre de factorias (Astilleros, Bazan, Santa Barbara, Tabacalera, etc), resultado de la nueva división internacional del trabajo13 (deslocalizaciones) mediado en muchos casos por el abandono del sector público industrial o su privatización. Las cifras netas no hacen justicia al proceso, pues al final del período hay más ocupados industriales (328 mil en 2007) que al principio (322 mil en 1976). Y es que la ocupación industrial andaluza ha recorrido una uve doble ( w ), con dos minimos en 1986 (243 mil) y 1995 (234 mil). Tras este proceso tenemos una industria andaluza muy vinculada a la agroalimentación y a la construcción (madera, metalica, cerámica, entre otras), por tanto fácil de arrastrar por estos sectores, tanto en su expansión como en su contraccion. Junto a la desagrarización, lo que ha caracterizado a la población ocupada andaluza ha sido la terciarización. Los servicios andaluces no han parado, en todo el período, de sumar efectivos; solo el año 1993 registra un descenso. Así pasan de los 765 mil de 1976 a los 2,2 millones de 2008, casi triplicándose. Tras estas cifras tenemos: el desarrollo del estado de bienestar y del estado de las autonomías en sus formas neoliberales (en Sevilla se suma el efecto capitalidad), la especialización en el turismo, la hostelería y el comercio, reclamados además por la fuerza de trabajo, determinados sectores grandes de ésta, que además necesitan para su reproducción una serie de servicios (educación y sanidad privadas, catering, restauración, servicio doméstico y de atención familiar, gimnasio, psicólogía, dietética, viajes, entrenador personal, etc). Pero, también el desarrollo de las comunicaciones y de los transportes, así como servicios orientados a las empresas ( muy vinculados a la acumulación de capital. Mención aparte merece el sector de la construcción, llamando la atención su carácter procíclcio, crece en exceso en las expansiones y se derrumba en las crisis.


12. La división provincial del mercado laboral andaluz.

Entre las principales tendencias demográficas hemos de destacar: la concentración de la población en las provincias de Sevilla y Málaga, sobre todo, y en menor medida Cadiz; mientras reducían su peso en la poblacion regional las provincias de Jaen, Cordoba y Granada; por su parte Almería y Huelva se estancaban. Además, este proceso está acompañado de una concentración demográfica en el litoral despoblándose el interior. Por último, la población andaluza asiste a un proceso de urbanización por el que se aglomera en grandes localidades. Este es un fenómeno general en todas las provincias.

Esta distribución espacial de la población andaluza obedece en buena medida a las transformaciones en la estructura productiva de la región, que opera a través de la división espacial de la actividad económica, que pasamos a describir.



1975

2007

ANDALUCÍA


13,8

Almería

5,75

9,2%

Cádiz

15,9

14,6%

Córdoba

10,31

9,2%

Granada

9,75

10,4%

Huelva

8,01

6,2%

Jaén

8,27

7,3%

Málaga

16,7

18,6%

Sevilla

25,32

24,6%

Fuente: BBV, INE


Durante este período, 1976-2008 las provincias más dinámicas, crecen mas que Andalucia, son Almería y Málaga; mientras las restantes crecen menos en términos de producción14 reduciendo su peso en la composición regional de la producción. Los dos motores del desarrollo económico de la costa mediterranea son el turismo y la agricultura intensiva, apuntalados por la construcción en momentos de expansión económica y por el conjunto de servicios que se derivan. Destacan los retrocesos de Huelva, Cadiz, Cordoba y Jaen. Mientras que en el caso de Granada y Sevilla, el retroceso es menor, inferior al punto porcentual.

1Ver Apuntes sobre el mercado de trabajo andaluz, 1976-2008 (htttp:\estadisticas de sevilla).

2Me refiero con “acumulacion de capital” al conjunto de la acumulación de capital privado y de capital publico (correspondiente a las administraciones publicas).

3La composición técnica de capital expresa la relación entre los medios de producción y el empleo. La variación del empleo puede tener que ver con la variación del capital (acumulación de capital) o con la variación en la composición técnica, o ambas a la vez.

4La evolución del empleo tiene dos grandes determinantes: el capital acumulado y la composición técnica del capital. Así, la participación de la población activa regional en la nacional se puede ver como la relación entre las respectivas acumulaciones y composiciones técnicas del capital.

5La acumulación de capital (regional y nacional), determina la oferta de fuerza de trabajo: primero, a través de la sociedad (hogares y sistema educativo) que producen la fuerza de trabajo que necesita la acumulación de capital; luego, de manera directa (sustituciones y reemplazos de la fuerza de trabajo ocupada), generando desempleo resultante de la ley de la acumulación de capital, atendiendo a las necesidades variables de fuerza de trabajo según estaciones o circunstancias extraordinarias como buenas o malas cosechas, ley del salario según el nivel de desempleo). Por todo esto, la sociedad andaluza ha de generar un volumen de fuerza de trabajo mayor que el estrictamente necesario para la acumulación de capital (regional y nacional).

6Grosso modo, la variación de la población activa teniendo en cuenta que es el producto de la población mayor de 16 años (P>16) y la tasa de actividad (TA), puede descomponerse en los dos efectos mencionados como sigue: (TA x Cambio de P>16) + (P>16 x Cambio TA).

7En este sentido se apuntan varias razones. Una son los atributos específicos de las mujeres de cara a determinadas tareas relacionados con su tradicional papel en la sociedad como la atención y el cuidado, su idoneidad para los trabajos relacionados con los servicios. También otros, de carácter más peregrino, como la baratura de la fuerza de trabajo -y posiblemente su docilidad-, al menos durante un tiempo, al considerarse su salario complementario en la reproducción familiar. El debate sobre la brecha salarial reflejará de alguna manera este aspecto.

8Nos queda decir, que esta revolución feminista ha tenido importantes aliados: el capital gustoso de ampliar la base material de la explotación capitalista con fuerza de trabajo nueva, quizás menos politizada y seguro con menos historia de reivindicación obrera; y la electrificación de los hogares, que liberarían de carga laboral a las familias. La influencia sobre las organizaciones obreras (sindicales y políticas) de este cambio es capítulo aparte.

9No hemos entrado en la cuantificación de la prima de desempleo que correspondería a esta función de reservorio de fuerza de trabajo que tiene la sociedad sevillana en la acumulación nacional de capital, pero a grandes rasgos vendría dado por el diferencial de tasa de paro entre ambas economías. En la medida que éstas se acerquen significará la dilución de la mencionada función.

10A reglón seguido habría que plantearse el por qué, qué hace de Sevilla, y de Andalucía, unas sociedades adecuadas para la generación de fuerza de trabajo. Tratándose del capital, la razón está relacionada con la economía o ahorro, es decir porque permiten esta generación de manera menos costosa: las condiciones sociales, geográficas incluidas, de Sevilla permiten producir y reproducir uno de los tipos de fuerza de trabajo que necesita el capital español de manera más barata. Esto incluye el tipo de familia, el rol de la mujer como cuidadora, la natalidad elevada, y todo un conjunto de factores, entre los que también se incluirían ideológicos y culturales, que permiten llevar a cabo esta función.

11En el período que investigamos, 1976-2008, la educación española se regula jurídicamente, a grandes rasgos, por 5 leyes: 1970-1985 la Ley General de Educación; 1985-1990, la Ley Orgánica del Derecho a la Educacion; 1990-2002, la Ley Orgánica General del Sistema Educativo; 2002-2006, la Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza; a partir de 2006, la Ley Orgánica de Educación. Ello pone de manifiesto que el interés del capital se va imponiendo a través de la lucha de clases, en este caso en el ámbito legislativo.

12Carrera, Juan Iñigo (2018). Del capital como sujeto.

14Hemos tomado para el período 1975-1998 el valor añadido bruto los datos del Servicio de Estudios del BBV, y para el 2000-2008 el producto interior bruto que proporciona la Contabilidad Regional del INE.

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